lunes, 22 de diciembre de 2025

 n el año 1868, Sevilla asistió a una escena cargada de simbolismo histórico y proyección de futuro. Una flota de nueve naves, entre las que destacaban tres imponentes fragatas de comercio con un calado de entre 16 y 18 pies (4,8 a 5,4 metros), atracó solemnemente en el tramo comprendido entre la Torre del Oro y el puente de Triana. Con aquella maniobra quedaba inaugurado oficialmente el muelle del Arenal, una infraestructura largamente esperada que marcaba un antes y un después en la relación de la ciudad con el Guadalquivir.

El acontecimiento no fue menor. Sevilla, que durante siglos había sido puerto y puerta de Indias, llevaba décadas intentando adaptarse a los nuevos tiempos del comercio marítimo y fluvial. El progresivo aterramiento del río, la competencia de Cádiz y la revolución del vapor habían obligado a replantear su sistema portuario. El nuevo muelle del Arenal simbolizaba ese esfuerzo por modernizarse y recuperar protagonismo económico.
La elección del lugar no era casual. A los pies de la Torre del Oro —antigua atalaya defensiva y emblema del poder naval sevillano— y frente al arrabal trianero, tradicional barrio de marineros, alfareros y cargadores, el muelle venía a integrarse en un paisaje histórico profundamente ligado al tráfico fluvial. Allí donde durante siglos se habían amarrado galeones, naos y carabelas, ahora recalaban fragatas mercantes de mayor porte, testimonio del cambio de escala y de tecnología.
La llegada simultánea de nueve naves constituyó una demostración práctica de la operatividad del nuevo atraque. Las fragatas, de notable calado para un río tan exigente como el Guadalquivir, evidenciaban que Sevilla aún podía acoger tráfico comercial relevante. El muelle facilitaba las labores de carga y descarga, mejoraba la seguridad de las operaciones y ordenaba un frente fluvial hasta entonces caótico y fragmentado.
Con el muelle del Arenal, Sevilla no solo ganaba una infraestructura portuaria, sino un nuevo escenario urbano donde el río volvía a ser protagonista. Aquel atraque de nueve naves quedó como una estampa de modernidad decimonónica, preludio de las transformaciones que, con el paso del tiempo, acabarían configurando el frente fluvial que hoy forma parte inseparable de la memoria y la identidad sevillanas.



martes, 11 de noviembre de 2025

 https://aznalfarache.blogspot.com/2020/05/azulejeria-sevillana-leon-plaza-de.html

viernes, 17 de octubre de 2025

LA PLAZA DE ESPAÑA

 "Señores, yo sabía que esto era bonito, pero no tanto”. Estas fueron las palabras que articuló el rey Alfonso XIII cuando visitó la Plaza España de Sevilladurante su construcción.


Declarado Bien de Interés Cultural en 2023 

Con motivo de la Exposición Iberoamericana de Sevilla en 1929, el gobierno encargó al arquitecto Aníbal González Álvarez-Ossorio la construcción de un pabellón nacional como anfitriona de este evento para estrechar lazos entre España, sus antiguas colonias y Portugal. Es por eso que el edificio representa, con su forma curva, el abrazo del país a sus antiguos territorios americanos, con un canal de 515 metros y una orientación hacia el Guadalquivir como guiño al camino a seguir hacia América. En un principio, el edificio iba a ser provisional, pero después se decidió que tendría un uso permanente para los ciudadanos.

Las obras, que duraron quince años, multiplicaron por decenas el coste previsto inicialmente, ya que para acabar a tiempo se necesitaron más de mil personas trabajando simultáneamente, y Aníbal renunció a la dirección de la construcción tres años antes de su inauguración, se cree que por desacuerdos con el comisariado.


 

Sin embargo, fue suficiente para imprimir en el edificio su sello regionalista de fusión renacentista, barroca y neomorisca en el que destacaba no solo la cerámica vidriada, sino también el ladrillo moldeable, la madera tallada y el hierro forjado, recurriendo a industrias y artesanías locales.

El regionalismo que se imprime en la plaza se puede ver en sus 48 bancos, uno por cada provincia de España (sin contar Sevilla, que tiene cuatro murales repartidos entre los asientos, y las Islas Canarias, que en ese momento eran una sola provincia y no dos, como en la actualidad). A los lados, dos torres de 74 metros cuya altura fue polémica por la posibilidad de hacerle sombra a la Giralda, que representan a los Reyes Católicos. Sobre el canal, cuatro puentes que reflejan los cuatro reinos que conformaron España – Aragón, Navarra, Castilla y León – y, en total, 50.000 metros cuadrados repletos de curiosidades y simbología.


Su amor por la literatura también se puede descubrir en alguno de los 48 bustos que se ubican en la galería porticada sobre cada uno de los bancos y que reflejan el rostro de ilustres personajes de la historia de España, como Murillo o Velázquez, contando solo con dos mujeres: Isabel la Católica y Santa Teresa de Ávila.


Los asientos, por su parte, están ordenados por orden alfabéticosalvo por una excepción, Navarra, puesto que se suprimió el azulejo original y se colocó otro cambiando el encabezado por ‘Pamplona’. La importancia de la representación de España está también en los escudos de Sevilla, repartidos sobre las puertas de Aragón y Navarra – ubicadas entre las dos torres de los extremos –, además de los 24 escudos imperiales de Carlos V en la fachada o los cuatro heraldos de las cornisas centrales, que representan los antiguos reinos peninsulares.

Inicialmente, el edificio se proyectó para ser sede de la Universidad de Sevilla, pero pasó a ser de uso militar, por ello hoy alberga el museo de esta temática, además de la delegación del gobierno central en Andalucía y un teatro no abierto al público dentro de la Capitanía general.


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Los bancos siempre han estado ahí, pero pocas veces nos hemos planteado la posibilidad de sentarnos y mirar a nuestro alrededor. Ver la luz transformar las plazas de la ciudad y cambiar sus colores. Como decía Pérez-Reverte en la primera página de su novela La piel del tambor: "Todo aquí es ficticio, excepto el escenario, nadie podría inventarse una ciudad como Sevilla". Moviéndonos por la ciudad, os señalaremos rincones en los que sentarse y ver la vida pasar. La vida que vamos recuperando poco a poco y una etapa en la que volver a reconectar con lo que siempre estuvo ahí.

Los bancos más bonitos del mundo

La Plaza de España es un hito arquitectónico y un símbolo de Sevilla a nivel mundial. Si de bancos se trata, ningún espacio de la ciudad tiene los que posee la obra del arquitecto Aníbal González. La plaza no es un monumento para ser contemplado, sino para ser vivido, y que sirve de puerta al imponente Parque de María Luisa, gran jardín histórico de la ciudad. En la ría que acoge la plaza las barcas esperan visitantes que tomen sus remos cuando sea posible. Y por la gran galería porticada que rodea la plaza deambulan los paseantes y corredores como lo hicieron los protagonistas del segundo capítulo de la saga de Star Wars, que en parte está grabado aquí. También la mítica cinta Lawrence de Arabia.

paseo centro sevilla
La Plaza de España, obra de Aníbal González, simboliza un abrazo de España a sus antiguas colonias americanas.

El monumento de 1929 tiene un azulejo por cada una de las provincias que formaban España en los años 20 del pasado siglo. Y cada azulejo está flanqueado por dos bancos de azulejería con dos pequeñas capillas con repisas que en su día quisieron ser biblioteca pública. Podríamos sentarnos en cada uno de estos azulejos y aprender de cada lienzo de cerámica un fragmento de la Historia de España. El trabajo en estos azulejos duró tres años, desde 1926 hasta 1929, para confeccionar la representación de las 48 provincias. Podemos ver representada la defensa del parque de Monteleón el 2 de mayo de 1808 en el banco de Madrid o la boda de los Reyes Católicos en el azulejo de Valladolid.

plaza españa sevilla
Aunque retocada posteriormente, la Plaza de España es uno de los escenarios de la saga de Star Wars.

Hay algunas curiosidades, como que el azulejo de Navarra no cumple el orden alfabético de los bancos. Tuvo que ser sustituido antes de la muestra, y en el nuevo en lugar de poner Navarra se puso Pamplona, rompiendo así el orden. Desde cualquiera de estos bancos podemos ver un hermoso atardecer que se refleja en el agua de la ría y viste de arcoíris la fuente del centro de la plaza que, curiosamente, no es de Aníbal González sino de Vicente Traver, autor también del cercano Casino de la Exposición. También podremos ver los encantadores puentes que surcan la ría por la que nadan felices los patos, y que representan a los cuatro reinos históricos (Castilla, Aragón, Navarra y Granada); y subiendo por las imponentes escalinatas de los edificios centrales podremos ver la plaza en todo su esplendor.

puente plaza españa
Realizada con ladrillo y cerámica, la Plaza de España es el lugar elegido por muchos para correr o dar un paseo.